miércoles, 15 de marzo de 2023

La violencia sexual y los movimientos feministas


La violencia sexual contra mujeres y niñas también es un problema grave y generalizado en todo el mundo. A tenor de los datos, al menos quince millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas (violaciones u otros actos sexuales forzados) y, de acuerdo con los datos disponibles de 30 países, tan sólo un 1 por ciento de ellas ha pedido alguna vez ayuda profesional (fuente: UNICEF). Abriendo la horquilla de edad, una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia física o sexual y la mayoría de los agresores son personas conocidas por la víctima. En la Unión Europea, el 55% de las mujeres han experimentado acoso sexual en, al menos, una ocasión desde que cumplieron los 15 años.



Y la lista de desigualdades continúa porque no hemos abordado todavía nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad. Nuestra manera de vivir la sexualidad, nuestra identidad. Tampoco las cosas del día a día como tener miedo a caminar solas, a que no respeten nuestro “no”, a ser tratadas como trofeos o desechos, a que nos cosifiquen o hipersexualicen, a que nos consideren el sexo débil y culpabilicen en los casos de violencia de género y sexual, a que nos intenten controlar, acallar, someter, a que nos piropeen por la calle como si fuésemos un objeto que admirar o poseer...


Por suerte se iniciaron diferentes campañas de concienciación que tuvieron mucha repercusión. El movimiento feminista #MeToo unió a miles de mujeres que alguna vez se habían sentido acosadas y #Cuéntalo agrupó cientos de miles de experiencias personales sobre agresiones sexuales. Muchos eslóganes se hicieron virales como “No es No” o “Sólo SÍ es SÍ”¡Hermana, yo sí te creo!¡Ni una más!¡Ni una menos!... Y se hizo historia con las huelgas feministas y la asistencia masiva a las manifestaciones que se celebraron en todo el mundo. Fue toda una demostración de fuerza y de intenciones.



El mundo necesita una sociedad igualitaria, libre de violencia machista, donde las mujeres puedan vivir sin miedo, con igualdad de oportunidades, con los mismos derechos, una justicia y educación sin sesgo de género y, sobre todo, tomarse en serio la corresponsabiliad de tareas y cuidados. Porque las mujeres han hecho todo lo que está en su mano para romper los techos de cristal, pero hay muy pocos avances para que los hombres ejerzan su responsabilidad en el campo de los cuidados. Todas las personas merecemos el mismo respeto, los mismos derechos, la misma igualdad y para ello debemos promover la inclusión y la diversidad, y debemos acabar con la violencia y la discriminación de género.





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